Muy queridos hermanos en el presbiterio,
queridas hermanas religiosas, señoritas de institutos seculares,
hermanas y hermanos en Cristo Jesús. Ahorita que veníamos, veníamos
pensando en Don Alfonso Zapata, me recordaba precisamente el
padre Basto que así como Mons. Manuel han sido fieles, constantes,
insistentes y persistentes en la venida aquí a la peregrinación
para honrar a la Santísima Virgen María de Guadalupe. Así como
monseñor también fue muy fiel a esta peregrinación anual y,
pues, oramos de una manera muy especial por él y por todos aquellos
señores obispos y sacerdotes, que han terminado ya su curso
de su vida terrena y están ya, esperamos en Dios, gozando de
la resurrección de Jesucristo nuestro Señor.
Quisiera decirles también que hay un curso
ahorita muy importante en San Juan de los Lagos, que está impartiendo
el Señor Cardenal de Roma que es el que está dedicado a la interpretación
de los textos legislativos y que ha hecho una labor muy grande
este Señor Cardenal que se llama Francesco
Coccopalmerio, para preparar la reinserción de los anglicanos
de la Iglesia Católica. Entonces él ha estado con muchísimos
cuidado llevando adelante este regreso de muchos anglicanos,
se habla de unos treinta tres obispos, sacerdotes y de unos
cuatrocientos mil que se han querido regresar, reintegrar a
la Iglesia Católica. Entonces se ha hecho un estatuto particular,
que le llamamos Prelatura Anglicana y que es precisamente para
dar la bienvenida y acoger canónicamente las diversas situaciones
de sacerdotes, obispos y fieles que se integran definitivamente
a la Iglesia Católica. Haya hay varios sacerdotes de Yucatán
naturalmente en ese curso y lo tendremos muy en cuenta, porque
están todos los que presiden los tribunales eclesiásticos de
México, pues, es un curso particularmente importante, hay muchísimos
otros en Mérida. Ahorita las religiosas Carmelitas, Adoratrices
y Aliadas están haciendo ejercicios con el padre Cipriano ahí
en el Convento de las Madres Carmelitas. Y tantas y hermosas
iniciativas, que se están llevando acabo todas ellas se las
ofrecemos a las Santísima Virgen María.
Cumpliendo con el compromiso anual de peregrinar
hasta los pies de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, una
vez más manifestamos nuestra lealtad y nuestro cariño, al mismo
tiempo que le rendimos el debido homenaje y le pedimos que nos
cuide siempre como verdadera y amorosa Madre.
Le pedimos también que haya paz en todo
México, que serene nuestros ánimos, que encause nuestros corazones,
que cure nuestras ansiedades y dudas, y que lleve a buen término
esfuerzos y voluntades.
Con toda piedad ante la insigne y milagrosa
imagen, que preside nuestra celebración, alzamos nuestras súplicas,
elevemos nuestras plegarias a nuestra Madre Santísima, para
pedirle que continúe bendiciendo a Yucatán, a todos sus pobladores,
a todos nuestros esfuerzos y trabajos pastorales, a todas nuestras
instituciones. Cáritas hizo una lista de las instituciones de
caridad que existen dentro de la arquidiócesis y son más de
doscientas ¡Bendito sea Dios, las instituciones de caridad,
que ofrece para servicio la Iglesia Católica en Yucatán!
El misterio de la cruz
Santa María de Guadalupe, “tú que te apareciste
aquí en el cerro del Tepeyac, "tú eres la verdadera fuente
de nuestra esperanza”,
El Tepeyac es como una grande luz en la oscuridad de nuestro
tiempo para no ir a tientas en el camino del encuentro con el
Señor.
Hoy venimos indudablemente llenos de entusiasmo,
pero también exponemos nuestros problemas, nuestras penas, nuestras
contradicciones ante la Virgen, porque sentimos el peso de la
propia cruz. Sin embargo, con san Andrés de Creta exclamamos:
“¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro”.
Esta expresión nos recuerda el significado de este grande misterio:
tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para salvar
a los hombres.
El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de
siervo, obediente hasta la muerte y muerte de cruz".
“Para ser curados del pecado, decía muy bonito san Agustín,
miremos a Cristo crucificado. Para ser curados del
pecado miremos a Cristo Crucificado".
Ése es el gran misterio que María nos confía
esta mañana invitándonos a volvernos hacia su Hijo. En efecto,
la señal de la cruz es de alguna forma el compendio de nuestra
fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que,
en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte
que nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más
fuerte que el mal que nos amenaza. Este misterio de la universalidad
del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí,
en el Tepeyac. Ella invita a todas las personas de buena voluntad,
a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar
los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente
de la vida, la fuente de la salvación.
María sale a nuestro encuentro como la Madre,
siempre disponible a las necesidades de sus hijos. Mediante
la luz que brota de su rostro, que se trasparenta en su misericordia.
Dejemos que su mirada nos acaricie y nos
diga que nos ama y que nunca nos abandonará. María nos recuerda
aquí que la oración, intensa, humilde, confiada y perseverante
debe tener un puesto central en la vida cristiana. La oración
es indispensable para acoger la fuerza de Cristo. “Quien
reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una
situación de emergencia y parezca impulsar tan sólo a
la acción”.
Como afirmó
el Papa Benedicto XVI, a mí también me gusta invocar a María
como “Estrella de la esperanza”.
En el camino de nuestras vidas, a menudo oscuro, Ella es una
luz de esperanza, que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar.
Por su sí, por el don generoso de sí misma, Ella abrió a Dios
las puertas de nuestro mundo y nuestra historia. Nos acompaña
con su presencia maternal en medio de las vicisitudes personales,
familiares y nacionales. Dichosos los hombres y mujeres que
ponen su confianza en Aquel que, en el momento de ofrecer su
vida por nuestra salvación, nos dio a su Madre para que fuera
nuestra Madre.
Esto lo debemos
de conservar siempre en lo mas profundo de nuestro corazón en
Juan todo recibimos a la Virgen como Madre y en Juan la Santísima
Virgen María nos recibe como hijos.
Conclusión
Queridos hermanos: encomendemos a nuestra
Señora de Guadalupe la vida y el ministerio sacerdotal de todo
el clero de la arquidiócesis. También los que están estudiando
en Roma, también nuestros seminaristas que se están preparando,
también aquellos que posiblemente van a entrar al seminario.
Me decía, el otro día, el Padre Pedro Mera que son unos veinte
siete los que van a entrar al Seminario Mayor. ¡Bendito sea
Dios! Así es que eso hay que seguir animando toda la pastoral
vocacional y animar a los jóvenes que no tengan miedo, obviamente
también nosotros como sacerdotes cuando íbamos a entrar al seminario,
pues, teníamos nuestras dudas, nuestras incertidumbres, nuestras
perplejidades, nuestros miedos, pero Dios nos dijo adelante
y aquí estamos. Entonces, es natural que esos jóvenes, pues,
ahorita sientan incertidumbres, dudas pero también en este momento
solemne en esta Eucaristía los encomendamos a los que están
aspirando entrar al seminario y a los que ya están en el seminario,
lo mismo que en las casas de formación religiosas de los diversos
institutos de varones, como de mujeres.
Queridos hermanos, encomendemos a la Virgen
nuestra arquidiócesis. Le encomendamos, también, nuestro Plan
de Pastoral han hecho un gran trabajo todos los que están conduciéndolo
a la cabeza del Padre y han hecho un grande trabajo, para ir
paulatinamente que todos nos reunamos con todos, dependamos
de todos, nos alentemos a todos y vayan surgiendo las pequeñas
comunidades, los centros pastorales. Pues, todo ese trabajo
verdaderamente eclesial, de conjunto, nadie está lejano, nadie
debe estar ajeno, nadie ni lejano, ni ajeno a la dinámica de
toda la vida pastoral de la Arquidiócesis de Yucatán.
Queridos hermanos, encomiendo a la nuestra
Señora de Guadalupe la vida y el ministerio sacerdotal; delante
de esta bendita imagen encomiendo todos los problemas y afanes
de ustedes. Le pido por los que no tengan trabajo, por los enfermos,
por todos aquellos que los sea los más frágiles socialmente.
¡Oh María, llena de gracia, preservada de
todo pecado desde el primer instante de tu concepción, abogada
de gracia y ejemplo de santidad, intercede por nosotros, para
que seamos santos e irreprochables delante de Dios, por el amor,
acogiendo y celebrando el don de la vida humana, desde su concepción
hasta su término natural!
María Santísima
de Guadalupe, que descendiste al Tepeyac para entregarnos a
tu Hijo, te has dado como Madre y nos acoges en tu regazo, recíbenos
y derrama sobre nosotros, ayúdanos con tu amor, compasión, auxilio
y defensa. Ayúdanos a escuchar a tu Hijo Jesucristo, a seguirlo
como discípulos perseverantes y anunciarlo como ardorosos misioneros.
Con tu intercesión, queremos profundizar nuestra fe y buscar
el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz.
María, Madre Buena, queremos caminar contigo,
crecer en la esperanza que nos lleva a vivir cada día en ti,
presencia para celebrar gozosos el fruto bendito de tu vientre.
Amén.